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Miércoles 30/11/2022  

Málaga

La nueva terapia de la científica Inés Moreno que podría frenarle los pies al Alzheimer

Este estudio revolucionario propone la eliminación de proteínas tóxicas desde la sangre

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  • Este tratamiento mejoraría la capacidad de memoria y aprendizaje

El Alzheimer se caracteriza por la acumulación de unas proteínas en el cerebro. Durante el envejecimiento, estas proteínas aumentan y se vuelven tóxicas. Son la principal causa de muerte neuronal. Estas toxinas también se encuentran en la sangre y están en equilibrio, si aumentan en el cerebro, aumenta en sangre y viceversa.

Es una terapia menos invasiva, con menos efectos secundarios, menos costosa y más rápida de llevar a la práctica

Un estudio de Inés Moreno, científica de la Universidad de Málaga, en colaboración con la Universidad de Texas, propone eliminar las toxinas directamente desde la sangre como diana terapéutica y no desde el cerebro, objetivo que hasta ahora perseguían la mayoría de las terapias contra esta enfermedad.

La científica explica que este equilibrio hace que “las toxinas vayan como cayendo desde el cerebro hacia la sangre para limpiar”. Con esta premisa, la idea del estudio es “eliminar parte de la sangre con toxinas”, ya sea con transfusiones o diálisis, para forzar que las proteínas del cerebro se repartan por la sangre”. Con este proceso se retira “de forma indirecta esas proteínas  del cerebro y mejoramos la progresión de la enfermedad”.

La investigadora ha conseguido reducir en un modelo preclínico la cantidad de proteínas tóxicas en el cerebro hasta en un 40 u 80 por ciento. Los beneficios son múltiples, si hay un diagnostico temprano del Alzheimer “podríamos evitar que progrese hasta su forma más severa”, mientas que en los casos en los que la enfermedad está más avanzada “podríamos intentar retrasar su avance”.

Además, es una terapia “menos invasiva, con menos efectos secundarios, menos costosa y más rápida de llevar a la práctica”. Actualmente, el análisis de muestras sanguíneas ya se emplea, en algunas ocasiones, para el diagnóstico de la enfermedad como alternativa a la neuroimagen. Sin embargo, hasta el momento, nunca se ha utilizado con el fin demostrado en este trabajo. Por ello, este nuevo uso “abre la puerta a posibles estrategias terapéuticas no invasivas, que actúen a nivel circulatorio”.

Los resultados probados en modelos animales han evidenciado que este tratamiento mejoraría la capacidad de memoria y aprendizaje, corrigiendo fallos cognitivos, pudiendo no solo eliminar las proteínas tóxicas, también modificar otros factores importantes en el desarrollo de la enfermedad.

La Universidad de Texas, donde Inés Moreno es profesora asociada, va a continuar con este estudio a nivel clínico, en busca de determinar los mecanismos moleculares implicados en esta mejora de la enfermedad. También, para demostrar si el tratamiento funciona en pacientes realizando, por ejemplo, diálisis a los pacientes con demencia o, incluso, transfusiones. Sin embargo, para conocer la efectividad real de esta nueva terapia aún hay que esperar “varios años”.

“Aunque hemos hecho este descubrimiento, todavía falta mucho para que se pueda usar en pacientes, pero vamos por el buen camino. Hay muchos grupos a nivel nacional e internacional que están buscando terapias para poder tratar a las personas y prevenir que comience la enfermedad”, dice Moreno, que ve su investigación como “una esperanza al futuro

El estudio de Inés Moreno, en colaboración con la Universidad de Texas, ha sido publicado en la revista científica del grupo ‘Nature’ ‘Molecular Psychiatry’.

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