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Jueves 18/08/2022
 

El jardín de Bomarzo

El juego del destino

Se suele decir siempre que estamos formando a la mejor generación de españoles de la historia

Publicado: 01/07/2022 ·
09:27
· Actualizado: 01/07/2022 · 09:27
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Bomarzo

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"Y ahí estás tú, completamente solo en el suelo, varado en medio de esas dos distancias. La infancia personificada. La soledad de tu infancia". Paul Auster en 4 3 2 1.

Se suele decir siempre que estamos formando a la mejor generación de españoles de la historia, esos chicos y chicas que estos días modelan su futuro tras hacer la EBAU y, en función de la nota de corte, ser una cosa u otra el resto de sus vidas. Tiene narices que unas décimas pesen tanto. Paul Auster elabora en su maravillosa última novela -4 3 2 1- una trama a través de su personaje principal, Ferguson, al que lleva a vivir cuatro vidas diferentes y simultáneas en base a decisiones que toma. ¿Y si hubiera...? Una persona y cuatro destinos. Un juego, pero cuántas veces en la vida nos hemos preguntando qué hubiese pasado de haber decidido otra cosa en aquél momento determinado, cómo hubiese alterado eso el resto de nuestra vida. 

No es ahora cuestión de tomar en consideración las deficiencias del sistema educativo, ni el hecho de lo injusto que resulta por unas décimas ser médico o quedarte en enfermero, matemático u optar por psicología, ser arquitecto o no, lo que representa para una persona el sueño de ejercer la profesión para la que entiende ha nacido o ser otra cosa a la que te derive un sistema mejorable en el que un mundo, para la mayoría intransitable, separa a la educación pública de la privada. E igual la pública no debería ser del todo gratuita -como en países donde el Estado hace un préstamo a los estudiantes que devuelven cuando inician su vida laboral-, o la privada tan inalcanzable para la mayoría; poner en valor y por encima de todo la necesidad de que cada alumno logre estudiar, para luego ejercer, la profesión que libremente ha elegido. Esto hoy no se da, pese al sistema asfixiante de impuestos y llama la atención que el derecho a decidir tu camino vía universitaria no sea, a día de hoy, debate a ningún nivel político. Sería interesante conocer el dato de cuántos jóvenes han de elegir un camino alternativo, variar su destino por unas décimas pese a ser la suya una profesión vocacional, de hecho no hay tribunal ni tutor que sepa medir y puntuar la vocación de un alumno. Medicina es una de las carreras con nota de corte más elevadas y, por tanto, cientos de chicos con una clara vocación, e incluso buenísimos estudiantes, se quedan sin poder acceder a ella salvo que su familia tenga posibilidad de gastarse una fortuna en una facultad privada. No se entiende que con la falta de médicos que hay en la sanidad pública sea tan absolutamente restrictivo el acceso a su estudio.

Estamos, hay que incidir, ante una generación de jóvenes muy mejorada, en general chicos con un alto grado de responsabilidad, buenos estudiantes y ahí están los datos de notas medias tanto en el ámbito nacional como en el autonómico, concienciados con el medio ambiente, normalizados en cuestiones como igualdad entre géneros o libertad sexual. A los que les gusta divertirse, estaría bueno, pero de un nivel, en general, excelso. Y emprenden un futuro que, como poco, va ser diferente, con oficios y profesiones que en gran medida poco tienen que ver con el pasado, con relaciones entre géneros con códigos distintos a los de antes, más avanzadas, más normalizadas, más igualitarias, con una climatología cambiante y esto afectará al mundo futuro y mucho, todo a esa edad en la que crees que la vida es eterna, casi como cuando cogías vacaciones en junio y septiembre estaba como en una dimensión astral distinta. Ahora, los que atravesamos el tercer cuarto del partido y miramos atrás y adelante, medimos con la cautela de los años vistos y la previsión de un mañana que se asoma por la esquina con palabras que anuncian oficios del futuro: metaverso, especialistas en Big Data, nanomédicos, growth hackers, ciberabogados, técnicos en 3D, arquitectos especializados en la llamada Era Digital, diseñadores de órganos 3D, técnicos en nanobots, diseñadores UI y UX para calibrar las relaciones entre máquinas y usuarios, operarios en robots, chefs de impresión 3D, responsables de e-CRM o, lo que es lo mismo, gestores de relaciones con los clientes en la nube, programadores de inteligencia artificial, desarrolladores de software, especialistas en renovables o alternativas... No quita para que oficios de toda la vida, que nunca dejarán de ser necesarios para la humanidad, como médicos, enfermeros, abogados o maestros se sitúen siempre en el ranking de preferencias, si bien la tecnología y este mundo del mañana se aplicará incluso en las profesiones más antiguas al punto de que un maestro termine dando clases a avatares de alumnos en ese mundo virtual llamado metaverso sobre el que trabajan e invierten, entre otros, Facebook y las grandes compañías móviles.

Encaminados a ese mundo virtual, mientras tanto en este real asistimos a cambios que afectan a la juventud, impuestos por normas que una mayoría de adultos no entiende y que sólo el tiempo dirá si son acertadas. Como que una menor pueda abortar sin autorización de sus padres o que con catorce años tenga libertad de ir al Registro Civil y rellenando un formulario cambiar de sexo y nombre. Cierto es que la juventud hoy madura antes que otras generaciones, entre otras cosas por toda la información al minuto que tiene y por la educación en libertad que recibe, pero un adolescente, por muy maduro que esté, es un adolescente y tiene muchas posibilidades de equivocarse en unas decisiones que tienen una fuerte repercusión psicológica, social y familiar y que, sin duda, pueden marcan un destino que, a veces, es manejado con excesiva flexibilidad. El destino no debe ser un juego, ni en la desmesura de decisiones que no tienen vuelta atrás como éstas ni aplicando un sistema férreo mediante el cual por unas décimas nos perdamos excelentes profesionales con vocación para convertirles en lo que no son y todo, sencillamente, por un flagrante fracaso del sistema. Técnico especialista en detectar y corregir fallos del sistema público, cálculos y sobrecostes, duplicidades de competencias, medición sobre la utilidad o inutilidad de empresas públicas o cargos concretos, inútiles de riesgo para el sistema productivo general. Éste sería un oficio con largo recorrido profesional, de hecho. Con mucho trabajo por hacer.

Lo cierto es que el destino es como un túnel oscuro y dentro de cada persona, como describe Auster, pueden cohabitar varios posibles destinos; puede ser que esté escrito antes de nacer tal y como muchos creen, o que sea consecuencia de una decisión concreta en un cruce de caminos, de un examen fallido, unas décimas de menos -o de más- en una corrección errónea, de un olvido o confusión en un mal día ante un examen. Puede ser que ese ¿Y si hubiera...? sea para mejor porque donde no había un buen médico hay un excelente enfermero. Lo deseable, en todo caso, es que cada uno pueda tomar las decisiones importantes que marquen su destino y no que un sistema decimal con elevado sentido subjetivo, revestido de divino, se dedique a seleccionar vidas.

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