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02/10/2022  

El cementerio de los ingleses

En el coro de Babel

Cuando censuramos el uso de una lengua, probablemente estemos ofendiendo a miles, cuando no millones, de hablantes de dicha lengua

Publicado: 17/06/2022 ·
14:01
· Actualizado: 17/06/2022 · 14:04
Autor

John Sullivan

John Sullivan es escritor, nacido en San Fernando. Debuta en 2021 con su primer libro, ‘Nombres de Mujer’

El cementerio de los ingleses

El autor mira a la realidad de frente para comprenderla y proponer un debate moderado

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Cuenta el mito bíblico que los hombres quisieron construir una torre tan alta que llegara hasta el cielo. Hay versiones que hablan de que, simplemente, pretendían llegar hasta Dios. Otras, que querían desafiarlo de ese modo. En cualquier caso, parece ser según se cuenta que el supremo demiurgo no toleró semejante soberbia y confundió a aquellos humanos pretenciosos haciendo que hablasen diferentes lenguas. La torre de Babel quedó inacabada, como La Sagrada Familia de Barcelona. Y en un país, el nuestro, que nacería como tal mucho más tarde, quedó un motivo de confrontación política y pseudosocial.

Digo que es una confrontación pseudosocial porque la gente no se enfrentaría por estas cosas si no hubiera políticos apelando a las emociones, a los sentimientos y a la identidad de una comunidad concreta para arrimar más ascuas a su sardina. Y ahí estamos, divididos como gilipollas y molestándonos que alguien hable una lengua que desconocemos aunque se hable en parte de nuestro país… aunque luego aprendamos lenguas foráneas para recibir a los turistas que nos dan de comer. El subdesarrollo industrial de nuestra España y, concretamente, de nuestra Andalucía es lo que tiene. Al final nos molesta no entender a un compatriota que habla una lengua cooficial aunque traguemos lenguas foráneas para ser los camareros de Europa.

Yo viví nueve años en Galicia (por iso é normal que fale o galego sen problema). En Cataluña no he vivido, apenas he pasado dos fines de semana con varios años de diferencia entre ellos (i parlo una mica de catalá, tinc que apendre més encara per mantenir una conversació). Aún no he estado en Euskadi, pero conozco alguna palabra suelta (Ezkerrik asko, Zorionak, Gabon, Egun on…). Quiero decir, con un poco de interés, es fácil tener un gesto con gente de esos territorios patrios aunque luego sigamos hablando en castellano para entendernos. Créanme si les digo que es más fácil y conciliador que llamarles “paletos” por hablar una lengua más que nosotros (lo cual además es paradójico). También es menos absurdo que crear una Oficina del Español (castellano en todo caso) para defender el idioma patrio en Madrid, donde no peligra (si es que realmente peligra en alguna parte).

La lengua y la voz tienen mucho que ver, según algunas corrientes de pensamiento y espirituales, con la personalidad y la identidad. Cuando censuramos el uso de una lengua, probablemente estemos ofendiendo a miles, cuando no millones, de hablantes de dicha lengua. Cuando las despreciamos, llamándolas “dialectos”, estamos siendo además más paletos que aquellos a los que denigramos con esa palabra. Si eres muy nacionalista español, con ese desprecio estás alimentando su nacionalismo periférico (rompes España). Si profesas alguna religión semítica (judaísmo, cristianismo o islam), estás vituperando la decisión de tu Dios en Babel. Y si eres un español de orden, estás vulnerando la Constitución, que brinda a estas lenguas el mismo carácter oficial que al castellano. Se mire por donde se mire, el conflicto lingüístico no ha lugar ni tiene sentido. Pero, en “Peces de ciudad”, ya lo venía cantando Sabina: “en el coro de Babel desafina un español”.

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